La pol铆tica de Alberti asiste, desde hace a帽os, a un fen贸meno tan nocivo para la calidad democr谩tica como funcional al oficialismo local: la absoluta debilidad y el vaciamiento conceptual de la Uni贸n C铆vica Radical (UCR). Lo que en alg煤n momento de la historia local fue una alternativa real de poder, con vocaci贸n transformadora y capacidad de poner l铆mites, hoy ha quedado reducido a un sello de goma. Una estructura debilitada que no solo carece de un proyecto de ciudad, sino que parece haber canjeado su rol de oposici贸n por una c贸moda vecindad con el peronismo gobernante.
El s铆ntoma m谩s evidente de esta decadencia es la alarmante ausencia de ideas. La agenda de la UCR albertina no la marcan sus equipos t茅cnicos ni la demanda de los vecinos; la define, por decantaci贸n, la iniciativa del intendente de turno. Incapaz de proyectar el Alberti del futuro, de debatir matrices productivas, desarrollo urbano o pol铆ticas de transparencia adaptadas a los tiempos que corren, la dirigencia local se hamaca en la queja de superficie, el comunicado de rigor en redes sociales y la posterior inacci贸n.
Este vac铆o program谩tico no es casual; es la consecuencia directa de una rosca endog谩mica. El partido est谩 bajo el control de unos pocos. Un selecto club que maneja la botonera del comit茅 y que implementa un sistema de alternancia ficticia: juegan a cambiar las caras en las listas de candidatos, pero en el fondo siempre vuelven los mismos nombres a digitar el destino del espacio. Esa imposibilidad de renovaci贸n real ha obturado la emergencia de nuevos liderazgos, expulsando a militantes y profesionales j贸venes que ven c贸mo el partido prefiere la comodidad del statu quo antes que la audacia de la renovaci贸n.
Sin embargo, el punto m谩s oscuro y preocupante de esta convivencia pol铆tica radica en la fiscalizaci贸n de los recursos p煤blicos. En cualquier distrito de la provincia, el rol institucional de la oposici贸n es auditar la obra p煤blica y denunciar sus irregularidades. En Alberti, el radicalismo padece de una ceguera selectiva y un silencio ensordecedor en esta materia. Las razones de esta par谩lisis fiscalizadora flotan en el aire del mundillo pol铆tico local y apuntan de manera directa a la existencia de negocios comunes. Cuando los intereses econ贸micos privados de ciertos sectores de la dirigencia se entrelazan con la botonera de la contrataci贸n p煤blica que maneja el peronismo, la capacidad de denuncia queda anulada. No se puede tirar de la cuerda de la corrupci贸n o del sobreprecio si el que debe investigar comparte el mostrador o el beneficio con el investigado.
El resultado de esta claudicaci贸n es un Alberti sin contrapesos. Una ciudad que se administra bajo el mon贸logo del peronismo porque del otro lado del pasillo no hay un proyecto alternativo, sino un espejo gastado.
La UCR de Alberti debe entender que la alternancia no es un derecho divino que se hereda por el simple paso del tiempo; se construye con coraje, propuestas y, fundamentalmente, con las manos limpias. Mientras el partido siga secuestrado por una dirigencia m谩s preocupada por resguardar sus privilegios y sus sinton铆as comerciales con el poder que por defender a los ciudadanos, el radicalismo local seguir谩 siendo el mejor aliado de aquello que declama combatir.
