La tradicional cena organizada por la Cooperadora del Hospital Municipal de Alberti, un evento destinado a recaudar fondos para fortalecer el sistema de salud local, terminó envuelta en una innecesaria controversia política luego de que la propia página de la institución difundiera imágenes junto a dirigentes y concejales identificados con el kirchnerismo.
En la publicación compartida por la cooperadora aparecen los concejales Palazzo y Scarcelli, además de la funcionaria Albizatti, todos referentes del oficialismo local, en una imagen institucional que rápidamente despertó cuestionamientos por la utilización política de un espacio que debería pertenecer a toda la comunidad.
La situación vuelve a poner sobre la mesa un debate que trasciende una simple fotografía: las instituciones intermedias nacen para representar a todos los vecinos, sin distinción de banderas políticas, ideologías o pertenencias partidarias.
Una cooperadora hospitalaria cumple una función solidaria indispensable, canalizando el esfuerzo de vecinos, comerciantes, profesionales y voluntarios que colaboran con un único objetivo: mejorar la atención sanitaria de la población.
Precisamente por esa misión, resulta fundamental que este tipo de organizaciones preserven una absoluta independencia política y eviten cualquier gesto que pueda interpretarse como una identificación con un espacio partidario determinado.
Cuando una institución comunitaria se muestra alineada con dirigentes políticos, aunque sea mediante una publicación en redes sociales, corre el riesgo de excluir simbólicamente a quienes piensan distinto y de debilitar el espíritu plural que debería caracterizarla.
La salud pública constituye uno de los pocos ámbitos capaces de reunir a toda una comunidad detrás de un mismo propósito, por lo que convertir esos espacios en escenarios de promoción política representa un retroceso institucional.
El respeto por la convivencia democrática exige que las cooperadoras, asociaciones civiles y entidades de bien público permanezcan al margen de las disputas partidarias, porque su legitimidad se construye precisamente sobre la confianza de todos los vecinos y no sobre la cercanía con un gobierno de turno.
Sin embargo, en Alberti parecen persistir prácticas políticas que durante años caracterizaron al largo ciclo de gobierno del exintendente Germán Lago, donde la frontera entre el Estado, las instituciones y la construcción partidaria muchas veces aparecía desdibujada.
Aunque los nombres cambien y las gestiones se renueven, algunas formas de hacer política parecen seguir presentes, alimentando una lógica en la que cualquier ámbito comunitario puede transformarse en una oportunidad para exhibir pertenencia política.
Las instituciones de la comunidad merecen ser protegidas de esa dinámica, porque cuanto más independientes sean de los partidos políticos, mayor será la confianza que inspiren entre los vecinos y más sólido será el compromiso ciudadano con las causas que representan.
La solidaridad no debería tener color político, del mismo modo que un hospital no distingue ideologías al momento de atender a un paciente. Ese principio debería extenderse también a quienes trabajan para fortalecerlo desde una cooperadora, preservando un espacio que pertenece a toda la sociedad y no a un sector de ella.

