El frigorífico en la Escuela:¿los chicos van a aprender a producir o van a producir para que otros hagan negocios?

Scarcelli

El Concejo Deliberante de Alberti hizo pública la discusión sobre la posibilidad de desarrollar un frigorífico municipal vinculado a la Escuela Agraria. Mientras desde el oficialismo se intenta presentar el proyecto bajo el lenguaje de la producción y el aprendizaje, varios padres consultados expresaron otra preocupación: que los alumnos terminen aportando trabajo gratuito en una actividad productiva que podría beneficiar económicamente a terceros. En medio de la controversia, Bruno Scarcelli instaló en sus redes la consigna “Albertinos que producen para Albertinos”, una frase que algunos vecinos interpretaron como una síntesis demasiado perfecta de lo que temen.

La discusión ya dejó de ser un rumor de pasillo. El propio Concejo Deliberante de Alberti expuso públicamente sobre el frigorífico municipal vinculado a la Escuela Agraria, y desde entonces comenzó a crecer una pregunta que incomoda al poder local: ¿dónde termina la enseñanza y dónde empieza el negocio?

El debate no aparece de la nada. La documentación oficial del Municipio demuestra que el distrito ya viene trabajando sobre infraestructura vinculada a la faena. En agosto de 2024, mediante el Decreto 679/2024, el Ejecutivo municipal dispuso la contratación directa para la realización de la obra denominada “Unidades de tratamiento- matadero y frigorífico de porcinos”, con un presupuesto oficial que en aquel momento superaba los $1,79 millones.

Un cosa es que una escuela técnica enseñe a sus alumnos procesos vinculados con la producción agropecuaria, la elaboración de alimentos, la sanidad animal o la industrialización. Otra muy diferente es que una estructura productiva con características de frigorífico municipal termine utilizando la participación de estudiantes como parte de su funcionamiento habitual. La diferencia puede parecer semántica, pero no lo es. La educación productiva tiene una finalidad pedagógica. El trabajo productivo tiene una finalidad económica. Si ambas cosas se mezclan, la primera pregunta que debería responderse es quién obtiene el beneficio y bajo qué condiciones participan los estudiantes. Varios padres consultados expresaron justamente ese temor. No cuestionan que los jóvenes aprendan ni que una escuela agraria tenga una fuerte vinculación con el mundo productivo. Lo que genera preocupación es que, bajo el argumento de “aprender haciendo”, los alumnos puedan terminar realizando tareas que normalmente deberían ser ejecutadas por trabajadores contratados y remunerados. ¿los chicos van a aprender a producir o van a producir para que otros hagan negocios?

Porque si existe una actividad económica concreta, con animales, faena, procesamiento, comercialización y eventualmente generación de ingresos, alguien tendrá que explicar quién administra el emprendimiento, quién comercializa lo producido, quién cobra, cómo se distribuyen los recursos, quién asume las responsabilidades sanitarias y laborales y, fundamentalmente, cuál será exactamente el papel de los alumnos. El oficialismo local parece preferir otra narrativa: producción, desarrollo, soberanía alimentaria, generación de oportunidades y fortalecimiento de la economía local. Todos conceptos difíciles de discutir en abstracto. Otra cosa: ¿Si el Municipio produce, se controla así mismo en salubridad ?

Bruno Scarcelli es quien promovió en sus redes sociales la frase “Albertinos que producen para Albertinos”. La publicación existe y fue difundida desde el espacio político que integra Scarcelli. La frase, en sí misma, parece inofensiva. Incluso podría ser presentada como una defensa del desarrollo local. Pero en medio de esta discusión adquirió otra lectura entre algunos vecinos: ¿quiénes son los “Albertinos” que producen y quiénes son los “Albertinos” que terminan apropiándose del resultado de esa producción? Porque también existe una interpretación mucho menos amable: que los alumnos albertinos sean quienes produzcan y que determinados “vivos albertinos” sean quienes terminen beneficiándose económicamente del esfuerzo.

Esa interpretación no constituye una acusación probada contra ninguna persona ni permite afirmar que exista actualmente un esquema de explotación de estudiantes. Es, hasta ahora, el temor expresado por padres y vecinos frente a un proyecto cuyos detalles deberían ser explicados públicamente.

Si los alumnos participan, ¿qué hacen exactamente? Si trabajan, ¿cuántas horas? ¿Esas tareas forman parte de una materia y de una práctica pedagógica supervisada? ¿Existe un docente responsable? ¿Quién controla las condiciones sanitarias? Quién responde ante un accidente? ¿Quién comercializa lo producido? ¿Dónde va el dinero? ¿Se reinvierte íntegramente en la escuela? ¿Se distribuye entre productores? ¿Se utiliza para financiar actividades educativas? ¿Existe participación de la cooperadora? ¿Hay convenios formalizados? ¿Quién administra el frigorífico? Bruno Scarcelli que incentivos tiene?

¿qué mecanismos impedirán que una estructura educativa termine funcionando como una unidad productiva sostenida parcialmente por el trabajo de sus propios alumnos?

Son preguntas que deberían responderse antes de inaugurar, cortar cintas o publicar fotografías con delantales y botas.

Además, existe un antecedente que vuelve todavía más importante la discusión. El Municipio ya había incorporado en su agenda la construcción de infraestructura para un matadero y frigorífico de porcinos, según consta en documentación oficial. Por lo tanto, no parece tratarse simplemente de una idea educativa aislada, sino de una cuestión que se conecta con una política productiva municipal más amplia.

¿Albertinos que producen para Albertinos… o alumnos albertinos que producen para los vivos albertinos? La primera obligación es garantizar que el alumno siga siendo alumno y no termine convertido en trabajador gratuito.